La princesa no ríe,
la princesa no siente,
la princesa persigue por el cielo de Oriente,
la libélula vaga de una vaga ilusión.

Teatro

En Fuente Vaqueros, según Francisco García Lorca, los curas no tenían mucho que hacer, pues los del lugar carecían de un gran entusiasmo por la Iglesia. Y Federico Gracía Rodríguez no era ninguna excepción, aunque su mujer se mantendría siempre fiel a su religión (pero dentro de unas coordenadas progresistas). El joven Federico solía acompañarla a la iglesia del pueblo, y los ritos y la liturgia católicos llegaron a impresionarle profundamente, incluso empezó a imitarlos a su manera.

haz clic para ampliar             Toda la familia y los criados tenían la obligación de asistir a sus peculiares misas en el patio de la casa. Federico improvisaba un sermón, y, si los presentes no lloraban de verdad, se enfadaba y les amonestaba. Pero un día dio su primera representación de títeres en la plaza del pueblo. En ese momento terminó definitivamente su carrera de cura. Ahora los muñecos eran la obsesión del poeta, y esa afición aumentó cuando su madre le compró, en Granada, un auténtico retablillo.

Había nacido el futuro director de La Barraca, el teatro de los estudiantes de Madrid que, bajo la égida de la Segunda República, llevaría al poeta por plazas y pueblos de la Vieja España.

Los primeros escritos de Lorca tienen una clara raíz evangélica y revelan una fuerte tendencia por parte del joven poeta a identificarse en el Cristo al que tanto admira. Este aspecto de la juvenília aparece con nitidez en la obra inacabada Cristo. Tragedia religiosa, cuyo primer esbozo fue escrito casi seguramente en 1917/1918. En ella, Jesús tiene diecinueve años, la misma edad que el poeta en esos momentos. La vocación evangélica de Cristo, que choca con los deseos de su familia, hace pensar en la insistencia de los padres de Lorca en que consiga como sea un título universitario y abandone sus pretensiones de ser músico profesional.

El hecho de que Jesús, de niño, "se iba muy despacio siguiendo a una hormiga", nos recuerda que Lorca solía decir que en Fuente Vaqueros hablaba con éstos y otros insectos. Luego, Cristo (al igual que el Federico niño), pasa horas y horas charlando con la gente del pueblo y, a menudo, su familia tiene que ir a buscarle. Jesús declara que su alma está "triste desde que nació" y que está "hecho para el dolor" sentimientos que se expresan obsesivamente, en primera persona, en la juvenília, este Jesús, al igual que Lorca está sumido en un mar de desesperación erótica. El momento más conmovedor de la tragedia ocurre cuando Jesús intenta explicar a su madre la incapacidad que experimenta para corresponder a los sentimientos amorosos de Ester. Por mucho que quiera, le resulta imposible. Jesús y Ester son prototipos de otras parejas que aparecerán en la obra de Lorca, prisioneras en una cárcel de deseos frustrados. Pero sólo en Cristo presenciamos la tristeza de una madre que advierte que su hijo no es como los demás:

"¡Dios mío! - exclama María - ¡Quitad a mi hijo la amargura infinita que tiene en el corazón!¡Haced que la risa brote de sus labios! ¿Qué río de dolor debe cruzar? ¿Por qué lo habéis ungido en el óleo de la tristeza? ¿Para qué pasa las noches sollozando y mirando las estrellas? ¡Hacédmelo como todos los jóvenes son!".

¿Tendría Lorca presente a su propia madre al escribir estas palabras? Es difícil pensar que Vicenta Lorca no se hubiera dado cuenta ya de que su hijo, a pesar de todos sus dones, su encanto y su aparente alegría, era, en el fondo, un marginado.

Entre sus primeras piezas encontramos, en gran parte, obras menores (de escasa relevancia frente a la de sus últimos años).

Mariana Pineda (1925) fue su primer éxito dramático, una pieza de fondo romántico e histórico cuyo verso recuerda aún al modernista. Otras dos obras, consideradas ya de madurez, son la Zapatera Prodigiosa (1926 y 1933), en ella la oposición entre deseo y realidad da lugar a una pequeña tragedia que acierta en el uso de la prosa y del verso en un fresco lenguaje popular; junto a ella podemos situar Doña Rosita la Soltera o el Lenguaje de las Flores (1935) que plantea un tema similar al de sus tres "dramas de la tierra española" (la frustración del amor por las convenciones sociales) desarrollándose a principios de siglo en un ambiente provinciano donde la hipocresía y la guarda de las apariencias marchitan el amor.

Antes de llegar a sus obras más maduras, pasemos por su teatro surrealista.

El Público (1930), desconocida hasta hace pocos años, está dominada por imágenes y símbolos eminentemente íntimos y destaca por su sinceridad y valentía en la defensa de la pureza de la homosexualidad si está presidida por el amor; por su parte, Así que pasen cinco años (1931), parece desarrollar el tema del paso del tiempo y de su derroche por el hombre, a quien la muerte le sorprende irrealizado.

Y llegamos, por fin, a sus más maduras obras, la "trilogía dramática de la tierra española". Se trata de Yerma, Bodas de Sangre y La casa de Bernarda Alba. Hoy suelen agruparse por ser las que mejor desarrollan dramáticamente el tema de la oposición y enfrentamiento entre el deseo de libertad y fuerzas represivas.

De estas tres obras mayores lorquianas, quizá sea la más vigorosa Bodas de Sangre (1933) drama naturalista donde se nos ofrece una cruda estampa de los instintos y deseos más elementales del ser humano. Bodas de Sangre es la historia de un amor que acaba en tragedia a causa de su imposible realización en unas estructuras sociales peculiares: las de la Andalucía gitana, un mundo cerrado, poseído por fuerzas extrañas e irracionales, por fuerzas telúricas de valor simbólico.

Por su lado, Yerma (1934) es una tragedia del amor frustrado, el drama de la mujer infecunda cuyo obsesivo deseo de proyección amorosa en un hijo torna en amor por su marido en un odio irracional. Su desarrollo fundamentalmente monológico, le confiere a Yerma un matiz especial, pues casi todo el peso recae sobre la protagonista, mientras que el resto de los personajes actúan casi como un coro.

La casa de Bernarda Alba (1936) es, de estas obras, la que presenta una forma más realista; aunque existe también en ella una dimensión simbólica -una poesía que se levanta del libro y se hace humana, como Lorca exigía en el teatro- La casa de Bernarda Alba casi nos parece un drama rural - un drama de mujeres en los pueblos de España, como reza el subtítulo- que nos ofrece los rasgos más marcadamente sociales de los últimos años de producción lorquiana. Bernarda , mujer autoritaria que ha enviudado por segunda vez, se enclaustra en su casa con sus cinco hijas para guardar un riguroso y severesísimo luto. En la casa, el verdadero universo cerrado, se desarrollará toda la acción, dominada por el silencio y el ocultamiento que impone su poder tiránico.

Las únicas referencias al mundo exterior serán las noticias que la Poncia, sirvienta de Bernarda, traiga del pueblo - malediciente e hipócrita, como los habitantes de la casa - y, sobretodo, Pepe el Romano, auténtico catalizador de la acción a pesar de no aparecer nunca en escena. De él, de este gañán - símbolo poético del "macho" - se enamoran todas las hijas de Bernarda, pero sólo Adela, la menor, lo conseguirá: ella es la rebelde, la que se enfrenta a la autoridad, a las convenciones y ala represión moral de su madre y del pueblo, y también la que muere, suicidándose, a causa de la doblez de quienes la rodean.

Desde el estreno de Yerma, en diciembre de 1934, Lorca venía siendo objeto de ataques cada vez más virulentos en la prensa de derechas, al que aquella obra había ofendido profundamente. "El Debate" (el diario católico más leído del país) habló de la odiosidad de la misma, de su inmoralidad y sus blasfemias. Para Informaciones, no cabía "nada más soez, grosero y bajo que el lenguaje empleado por el señor García Lorca"; "se ha contaminado el poeta y ha enfangado su pluma"(ABC). La revista Gracia y Justicia, una de cuyas "gracias" era llamar al poeta Federico García Loca, dijo:

"Se ha encontrado una cosa más feroz que la mordedura de la cobra, que estaba conceptuada como la serpiente más venenosa. Se trata de las representaciones de Yerma, de García Lorca. El único antídoto es no ir."

En cuanto a La Barraca, las descalificaciones habían llovido después de la victoria de las derechas en las urnas del otoño de 1933 y finalmente el gobierno conservador había cortado la subvención declarando Lorca entonces:

"Cuando ya no tengamos trajes ni decorados, representaremos con nuestros monos teatro clásico. Y si no nos dejan levantar el tabladillo, representaremos en plena calle, en las plazuelas de los pueblos, donde sea... Y si tampoco nos dejase así, representaremos en cuevas y haremos teatro oculto."

Lorca insiste una y otra vez durante los años republicanos sobre su deseo de poner su teatro (que él mismo quiere hacer) al servicio del cambio y de la subversión. El odio que sienten las derechas por Lorca no hace sino aumentar, acrecentado por el éxito de Yerma en Barcelona. Hasta tal punto es así que el poeta puede hablar de una campaña contra él y la gran actriz Margarita Xirgu. El 7 u 8 de octubre escribe a sus padres:

"Claro es que las derechas tomarán todas estas cosas para seguir su campaña contra mí y contra Margarita, pero no importa (…) Desde luego, hoy en España no se puede ser neutral."

Lorca tenía razón: en la España del otoño de 1935 nadie podía ser neutral. En noviembre, en plena temporada de éxitos, recién estrenada Doña Rosita la soltera ante el fervor de un público barcelonés incondicional Lorca vuelve a lo mismo:

"Una de las finalidades que persigo con mi teatro es precisamente aspaventar y aterrar un poco (…) Tengo un asunto de incesto, la sangre no tiene voz, ante cuya crudeza y violencia de pasiones Yerma tiene un lenguaje de arcángeles."

Convocadas las nuevas elecciones, Lorca apoya públicamente al Frente popular y, después del triunfo de la coalición en febrero de 1936, firma numerosos manifiestos antifascistas, recita poemas en mítines de marcado acento izquierdista y sigue hablando de la necesidad de un teatro comprometido con el pueblo.

Ningún poeta de su generación, ni Rafael Alberti, estuvo tan atrevido en sus declaraciones, y eso que nunca se afilió a un partido político. En sus últimas declaraciones a la prensa, publicadas en El Sol de Madrid el 10 de julio de 1936, pocas semanas antes de su asesinato, Lorca sentenció:

"Ningún hombre verdadero cree ya esa zarandaja del arte puro, arte por el arte mismo. En este momento dramático del mundo, el artista debe llorar y reír con su pueblo. Hay que dejar el ramo de azucenas y meterse hasta la cintura en el fango para ayudar a los que buscan azucenas."

En 1935 Lorca describía a sus amigos cómo sería la casa que se iba a construir al lado del Mediterráneo: "Porqué ahora me toca ganar dinero a mí."

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