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Que si tocan tu mano, es con su mano,
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Se pierde la carne entre rosales.
Para Lorca el afán erótico es inseparable ya de la angustia. Dicho de otra manera, la angustia es lo que impide ir en busca de la fruición amorosa. No se trata ya de una represión impuesta desde fuera (religión, sociedad) sino de que la prohibición se ha convertido en ansiedad: se ha hecho "en el alma de la impotencia". ¿Le atormentaba a Lorca la posibilidad de ser impotente ante la mujer? Varios pasajes de estos textos primerizos lo dan a entender inequívocamente. Yo soy un hombre hecho para desear y no poder conseguir
Sin contestación. (Estado de ánimo de la noche del 8 de enero). En Carnaval. Visión interior (febrero de 1918), surge otra pregunta sobre el mismo tema: ¿Por qué estarán llamando sobre mi corazón.
Por otro lado, debemos reconocer que, por aquél entonces, la iniciación sexual para casi todos los jóvenes era muy difícil. En 1932 Lorca recordará, meditando sobre la Granada de su adolescencia: "Quien ha vivido, como yo, y en aquélla época, en una ciudad tan bárbara bajo el punto de vista social como Granada cree que las mujeres, o son imposibles o son tontas. Un miedo frenético a lo sexual y un terror al "qué dirán" convertían a las muchachas en autómatas paseantes, bajo las miradas de esas mamás fondonas que llevan zapatos de hombre y unos pelillos en el lado de la barba". Aquel "miedo frenético a lo sexual" oscureció la adolescencia de Lorca. Según Miguel Cerón Rubio, los "chicos bien" de Granada, solían iniciarse sexualmente en los burdeles del barrio de la Maniga, algunos de ellos excepcionalmente lujosos. A Lorca le horrorizaba la idea. En algunos de sus textos juveniles podemos ver expresada la compasión que el autor sentía hacia las prostitutas, además, arremete contra los ricos: "Vosotros, los que solamente acariciáis a putas, no sabéis nunca la emoción de abrazar u besar a un animal recién nacido". Otra fuente de angustia para el joven poeta era la masturbación, en uno de sus textos leemos: "Las acciones de mi cuerpo las contempla mi espíritu muy alto y soy dos durante el gran sacrificio del semen. Uno que mira al cielo incensado de azucena y de jacinto, y otro que es todo fuego y carne que esparce muerta vida con perfume de verano y de clavel…¿Cuándo terminará mi calvario carnal…?" Los amigos íntimos del autor notaban sus repentinos "ensimismamientos" (a los que él llamaba dramones). "Federico se quedó silencioso. Uno de sus silencios en donde sus ojos se le volvían para dentro, como mirando a lo profundo de un recuerdo". (Adolfo Salázar) "Federico se abstraía mucho. Estaba a veces largo rato sin hablar, ausente de la habitación, con la mirada vaga, la boca apretada y las cejas levantadas". (Emilia Llanos). Son "sombrío nublado" que, según Alfredo de la Guardia, a veces venía de no se sabía dónde " a envolver su frente, apagarle los ojos y cerrar su boca". ¿Se relacionaban los "dramones" lorquianos con el saberse rechazado, por homosexual, en una sociedad que en absoluto aceptaba tal "aberración" (y menos aún la Granada "bohemia" de Antonio Machado)? ¿Con el tener forzosamente que ir por la vida llevando un disfraz? Es posible. Desde luego, no se puede entender a Lorca sin tener en cuenta su homosexualidad. El poeta, que ha leído detenidamente De profundis, de Wilde (en la traducción de A.A.Vasseur), conoce desde dentro la tragedia del amor que no puede decir su nombre (aunque dispones de muchas tablas con las cuales emmascararlo lo dice todo su Canción del mariquita, de Canciones (1927), con los vecinos que se sonríen maliciosamente, el gay se adorna en la azotea "con un jazmín sin vergüenza" y el escándalo tiembla "rayado como una zebra". Uno de los pocos testimonios claros al respecto (hasta hace no mucho, todo han sido ambigüedades, silencios, enfados) es el del pintor José Moreno Villa, brazo derecho del director de la Residencia, Ser homosexual reforzó, sin lugar a dudas, la apasionada identificación lorquiana con los perseguidos del mundo, con "los que no tienen nada y hasta nada se les niega". Y desde luego, con la mujer, víctima, ella también en una sociedad machista. ¿Y los amores en esta época? Entre los que se conocen, Dalí, en primer lugar, luego el escultor Emilio Alardén. Mal correspondidos los dos e insuficientemente documentados (faltan las cartas de Lorca a Dalí, menos unas pocas y todas las suyas a Alardén). Hay rastros, no fácilmente identificables, de ambas relaciones de la obra. En julio de 1929, precisamente con el desgarro de la segunda a cuestas y ya muy cerca del surrealismo, Lorca - ahora famoso autor del Romancero gitano, publicado con arrollador éxito el verano anterior- sale por primera vez de España, del brazo de Fernando de los Ríos, y se encamina hacia Nueva York. Allí el poeta es acogido con los brazos abiertos por la colonia hispana y por un viejo amigo de los días heroicos madrileños, Ángel del Río, profesor en Columbia, donde Lorca se hospeda. En Nueva York, a Lorca le falta dinero, pero le sobran amistades. Y si teme, pese a éstas, deprimirse en la inmensa metrópoli, sabe que ya le espera un público fervoroso en Cuba donde está invitado para dar una serie de conferencias.
Después de Nueva York es el deslumbramiento de Cuba, vislumbrada desde la infancia en las tapas interiores de las cajas de puros que fumaba su padre e intuida en las habaneras cantadas por su tía Isabel y sus primas. En la isla sus conferencias arrasan y conoce el éxito del público desbordante. También en Cuba logra expresar más libremente su homosexualidad (y al volver a España se le notará). Trabaja afanosamente en El público, que termina, poco después de regresar a Granada, en el verano de 1930. La obra, la escribe a su amigo Rafael Martínez Nadal, es de "tema francamente sexual. Creo que es mi mejor poema". Pero el mejor poema es también, por su contenido, un poema para ser silbado, y no se pondrá en la vida del autor, como tampoco su próxima obra de teatro, Así que pasen cinco años (1931). Pero volvamos a Dalí, ese gran amor de la corta vida del autor...
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